En Ecuador se presenta la crisis política como un hecho alarmante. Los partidos y movimientos políticos actúan como espacios de alquiler, es decir se amoldan a los intereses del momento. El irrespeto a la democracia se manifiesta con cada hecho de corrupción que reafirma el descrédito del cual se encuentra encubiertos a través de las coloridas banderas.
Actualmente nadie discute ideas porque el escándalo ocupa cualquier posibilidad de análisis y ahora solo queda “votar por el menos peor”. Y cuando la política llega a ese nivel pierde su esencia de construir el futuro común. La improvisación ganó terreno.
La Asamblea legisla poco y hace más show que nunca.
Pero el desastre también se extiende a los gobiernos locales, hacen menos obra pública. Se dedican a edificar historias fallidas en las redes sociales y desatienden los verdaderos intereses de la colectividad.
La política es una acción frustrada, prevalece de forma alarmante el irrespeto a la normativa, la falta de acuerdos íntegros y la escasa capacidad que tienen los dirigentes para reconocer errores y enmendarlos nos lleva por el sendero de la oscuridad.
Las seccionales reflejan que las dos organizaciones políticas más influyentes han sido ampliamente señaladas por el irrespeto a la normativa.
La Revolución Ciudana y Acción Democrática Nacional desgastaron la frágil estructura democrática en el país que se caracteriza por el camisetaso y el acomodo. Entonces la desconfianza en la clase política es el mal que se impone en el complejo escenario de la supuesta democracia.















