Cada que se acercan elecciones pasa lo mismo. Los candidatos a alcaldías, prefecturas y gobiernos parroquiales aparecen con la sonrisa grande, el discurso bonito y el pliego de promesas puesto en redes sociales.
Ofrecen asfalto, agua, empleo, seguridad y hasta el milagro. Y lo peor: usan el dolor de la gente. Van al barrio donde no hay alcantarillado, a la familia que perdió todo en un deslave, al agricultor que no vende su cosecha o a los hospitales donde hace falta la medicina. Y ahí, entre lágrimas y abrazos, prometen el cielo.
El problema es que después del voto, la mayoría no tiene ni un plan. No hay proyecto, no hay presupuesto, no hay equipo. Solo había demagogia. Esa palabra fea que significa decir lo que la gente quiere oír para ganar, sin intención de cumplir.
Y nosotros caemos. Porque estamos cansados, porque necesitamos soluciones ya, porque el vecino dijo que «ese sí va a hacer».
El domingo 29 de noviembre de 2026 tenemos elecciones seccionales. Elegiremos alcaldes, prefectos, vocales de juntas parroquiales y también a los representantes del Consejo de Participación Ciudadana. Es decir, elegiremos a quienes manejan nuestro dinero, nuestras calles, nuestra agua y quienes vigilan que el poder no abuse.
Por eso este voto no puede ser por la camiseta, por la funda o por lástima. Tiene que ser un voto consciente.
Voto consciente es preguntar: ¿Tiene plan de trabajo? ¿De dónde va a sacar la plata? ¿Ya ha hecho algo antes o solo aparece en campaña?
Voto consciente es no vender nuestra dignidad por una promesa que sabemos que no se va a cumplir.
Voto consciente es entender que la democracia no termina el día de las elecciones. Empieza ahí.
Los demagogos le apuestan al olvido. Le apuestan a que votemos con el estómago y no con la cabeza. No les demos ese gusto.
Este 29 de noviembre, Loja y todo el Ecuador tenemos una tarea: ir a votar. Pero ir a votar pensando. Porque un mal voto nos cuesta gran pérdida de tiempo. Son periodos sin obras, sin agua, sin seguridad, se sienten toda la vida.
La democracia se defiende en las urnas. Y se defiende votando con conciencia, no con demagogia.















