Latinoamérica nuevamente empieza a dar un viraje hacia la derecha; pues, la mayoría de sus gobernantes en casi dos décadas estaban administrando sus Estados con posiciones de izquierda, siendo evidenciados indiscutiblemente mientras flameaban la bandera de Cuba, Nicaragua o Venezuela; sumados los gobiernos de una tendencia socialista moderada como Brasil con Lula, el fugaz gobierno de Boric en Chile; sin dejar de lado el falso socialismo que vivieron los argentinos con los Kirchner o la tiranía que se vive en Nicaragua bajo el imperio de Ortega y su familia.
Es evidente que en los países que hay más libertad, en su plena magnitud, casi por regla general, son más prósperos. Revisados los que conforman América del Sur, América Central, el Caribe y América del Norte, encontramos que: Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador, Paraguay, Perú, Costa Rica, El Salvador, Panamá, República Dominicana y Puerto Rico, más allá de los problemas propios de cada Estado, a pesar de sus malos gobiernos, tienen tendencia a desarrollarse mejor, abriendo sus mercados al mundo y facilitando la inversión extranjera en sus territorios.
Por su parte, los países que siguen manteniendo un régimen radical, arraigados en los principios doctrinarios basados en el comunismo o en el socialismo, como son: Brasil, Colombia, Guyana, Uruguay, Venezuela, Surinam, Trinidad y Tobago, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Cuba, Haití, Jamaica y México, casi en su mayoría, con contadas excepciones, enfrentan grandes luchas internas por la violación a sus derechos, en nombre del Estado.
Si bien ambas tendencias ideológicas se han desviado por actos de corrupción, los últimos años hemos podido ver que, varios de los países izquierdistas se han dejado manipular por los carteles y mafias vinculadas a las drogas, subastando su paz a cambio de dineros ilícitos. Lo cierto es que, las ideologías lo que han logrado es dividir a la gente, cuya división nos hizo mayormente vulnerables como sociedad. Si no entendemos el manejo desmesurado al cual nos han llevado, no podremos salir del atolladero en el que nos metieron al ceder varios gobiernos latinoamericanos a quienes manejan los negocios ilícitos desde las sombras.















