$200 la entrada. $800 a $1600 el vuelo. $100 la noche de hotel.
No menos de $4000 para ver 2 partidos en una semana en el Mundial 2026.
Suena a una cifra cualquiera. Pero puesta frente a la realidad del Ecuador, es un golpe.
Según la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos del INEC, presentada en mayo de 2025, el 91% de los hogares ecuatorianos recibe cada mes menos de $4000. Es decir: para ir a una semana al Mundial, una familia promedio tendría que entregar todo lo que gana en un mes. Sin contar deudas, arriendo, comida, salud y escuela.
Mientras se vende la ilusión del Mundial, Defensa Deudores Ecuador alerta lo que ya vivimos: el sobreendeudamiento.
Entre enero de 2023 y febrero de 2026 se registraron 1.4 millones de procesos legales por deudas en el país. El 61% son demandas civiles por deudas. Más que por alimentos y divorcios juntos. El cobro de pagaré concentra el 56% de esas demandas.
Las provincias más golpeadas: Pichincha, Guayas, Manabí, Azuay y Tungurahua. Loja no está lejos de esa lista.
El INEC también lo confirma: el 35.7% de hogares vive con menos de 1 SBU. El 33.2% con entre 1 y 2 SBU. Solo el 0.8% supera los 9 SBU.
Somos el cuarto país de Latinoamérica con más tarjetahabientes, dice el Banco Mundial. Pero tener tarjeta no es sinónimo de tener capacidad de pago. Es sinónimo de sobrevivir a crédito.
El Mundial 2026 es la fiesta más grande del fútbol. México, Estados Unidos y Canadá lo reciben. Y miles de ecuatorianos soñaron con estar ahí. Es legítimo. El fútbol mueve pasiones.
Pero como sociedad tenemos que preguntarnos: ¿a qué costo?
¿Vale la pena endeudarse por 5 años para pagar una semana?
¿Vale la pena dejar de invertir en salud, educación o en el negocio familiar para comprar una entrada?
César Coronel, de Defensa Deudores, lo dice claro: mucha gente adquirió deudas por emergencias. Por pérdida de trabajo, por enfermedad catastrófica. No por gusto. Por necesidad. Y hoy no pueden pagarlas.
Este Mundial nos deja dos lecciones:
1. Informar: La gente tiene derecho a saber qué implica endeudarse. Una deuda no es «meses sin intereses». Es un compromiso que hipoteca el futuro.
2. Priorizar: El verdadero orgullo nacional no está en la foto en el estadio. Está en tener una casa sin deudas, en que los hijos estudien, en que el campo produzca.
Que nadie se sienta menos por ver el Mundial desde casa, con amigos, con una parrillada. Esa también es fiesta. Y es una fiesta que no deja facturas. La revista Vistazo en la edición de junio trae un análisis profundo que hace reflexionar que aunque
el fútbol es del pueblo, el Mundial, con estos precios, se volvió de pocos.
Ojalá que cuando termine el torneo, no nos quede solo la nostalgia del gol. Ojalá nos quede la lección: que la economía familiar también se juega, y se gana, con planificación.
Porque un país endeudado no grita goles. Llora cuentas.














