El 26 de octubre de 1998, en el Palacio de Itamaraty en Brasilia, dos presidentes hicieron lo que los cañones no pudieron durante siglos: firmar la paz.
Jamil Mahuad por Ecuador y Alberto Fujimori por Perú pusieron su firma al Acuerdo de Paz Definitiva y de Límites. Y con esa firma, el sur del país, y especialmente Loja, dejó de vivir con la zozobra de la guerra.
Ese día no ganó Ecuador ni ganó Perú. Ganó la paz.
Ganaron los soldados que ya no tuvieron que ir al Cenepa.
Ganaron las madres que ya no tuvieron que despedir a sus hijos con miedo.
Ganaron los pueblos de frontera que pudieron volver a comerciar, a visitarse, a ser vecinos de verdad.
Actualmente la sombra de la inseguridad y el cierre de fronteras pretendia vulnerar el derecho de la bien ganada paz.
La frontera sur en los cantones Macará y Zapotillo, *cerrada por decisión gubernamental el 24 de diciembre de 2025, que generó una aguda crisis económica en la provincia de Loja, con el argumento de combatir el crimen organizado, el contrabando y la minería ilegal.
La ministra de Gobierno Nataly Morillo Solórzano, en su cuenta de x, informa este martes 7 de julio, su reapertura y expone “Las decisiones difíciles se toman para proteger a los ecuatorianos, y los resultados lo demuestran. Cerramos temporalmente la frontera sur en Loja para contener el tráfico de armas y reforzar el control del Estado. Hoy, tras evaluar los resultados de esa medida, el presidente @DanielNoboaOk ha dispuesto su reapertura.
El Bloque de Seguridad continuará desplegado en la zona para garantizar el control fronterizo y proteger a las familias ecuatorianas.
La semana anterior en Macará y La Tina, se movilizaron las fuerzas vivas de estos pueblos fronterizos para demandar del Gobierno Nacional se reabra la frontera, expusieron que la economía fronteriza depende del intercambio binacional, que la medida afecta el comercio local, incrementa el desempleo y fomenta los pasos informales. La *total paralización comercial y turística, afectación a emprendedores, comerciantes, transportistas y al sector hotelero y la consecuente incertidumbre producida por la suspensión del tránsito de personas y vehiculos.
La paz y la seguridad deben afianzar los lazos que descansan en la historia.














