Referirse a la historia podría parecer una palabra poco atractiva.
Más la realidad puede sorprendernos cuando al introducimos en las páginas del ayer podemos retratarnos en lo acontecido porque en algunos casos las escenas, los aciertos y desaciertos se repiten y en otras circunstancias nos dejan poderosas lecciones.
Recurrir al pasado es un asunto que explora la oportunidad de comprender los acontecimientos y siempre procurar la paz aunque en los tiempos de ayer y hoy los eventos de guerra sigan causando angustia.
En esta oportunidad es preciso destacar que cada 24 de mayo Ecuador conmemora la Batalla del Pichincha porque este acontecimiento va más allá de una fecha de desfile o el acto del informe a la nación del mandatario. Esta fecha impulsa el recordatorio por la conquista de la independencia. Se registra la pelea en una ladera a 3000 metros de altura con hombres que sabían que si perdían se quedaban sin país.
Sin embargo para muchos ecuatorianos esta batalla quedó archivada como un simple dato para el examen de Estudios Sociales o para el anuncio del feriado.
Conocer la historia es evocar un cúmulo de acontecimientos que permiten entender que en 1822 la multitud de Quito, Guayaquil, Cuenca, Loja y otras latitudes se unió pese a las diferencias regionales para sacar a un ejército común.
Ante la causa de la defensa atrás quedaban los actos de regionalismo. Sin embargo, el fervor de unidad de aquella época se desvanece con la prevalencia de intereses particulares que desencadenan en subdesarrollo y las conquistas del ayer en tiempos modernos se la adopta con indiferencia.
Conviene saber que la libertad se ganó con organización y sacrificio. El 24 de mayo debería servir para saber que la gesta histórica dejó resultados que en la actualidad son la raíz de los preceptos de la unidad por las causas comunes.














