Ya están decurriendo los días de la campaña oficial, para decidir sobre las tres preguntas de referéndum, que vienen de un proceso de preaprobación de la asamblea nacional, junto al aval de constitucionalidad que le dio la corte constitucional; y, coincide con la consulta popular formulada por el presidente Daniel Noboa, quien nos pregunta si estamos de acuerdo con llamar a una asamblea constituyente, para que elabore un nuevo marco constitucional. Las tres primeras preguntas contienen respuestas obvias, casi todos queremos: ayuda extranjera para combatir los delitos transnacionales; que se elimine el fondo partidario que obliga al Estado a entregar asignaciones económicas a privilegiados partidos y movimientos nacionales; y, deseamos que se reduzca el número de integrantes del aparato legislativo.
En la parte central de la elección del 16 de noviembre de 2025, especialmente con relación a la consulta popular, es oportuno guardar coherencia con lo que hemos venido diciendo, criticando o planteando. Hemos sostenido con firmeza que el Ecuador necesita impostergablemente una transformación en varios ámbitos. Quién puede negar, que es urgente una reinstitucionalización del país, donde las entidades de control no queden a la deriva ni encargadas por prolongados periodos a conveniencia del poder de turno. A quién le interesa que el CPCCC siga de tumbo en tumbo, con consejeros disfrazados de ciudadanos, pero con un evidente pedigrí político tras bastidores.
Hay muchas cosas que cambiar para lograr un Estado fuerte, solidario y democrático; un Estado productivo, seguro y confiable. Sin duda, no vamos a alcanzar un milagro perfecto, pero por lo menos, con una asamblea constituyente y si nombramos a los mejores representantes de nuestras provincias, vamos a tener la oportunidad de modificar todos esos abusos que en nombre de la constitución y de los derechos se han cometido. Anhelamos que la función jurisdiccional no caiga en manos de rufianes, y que la independencia interna y externa como base de la administración de justicia, pase de ser una quimera a una realidad que afiance: la equidad y la solidaridad dentro de la convivencia social; el respeto de los derechos, deberes, obligaciones y garantías constitucionales; y, el sustento de la democracia como base de nuestra República.
Ya vendrán los tiempos, escenarios y espacios para discutir lo que nos conviene luchar en favor de Loja como provincia; seguro nuestras universidades, cámaras de la producción, cuerpos colegiados, sindicatos, entre otros, abrirán sendos foros para inteligenciar y examinar a los candidatos que buscan representarnos en la asamblea constituyente, pues, “cada día tiene su afán”. Por ahora, quienes queremos el bienestar del Ecuador, estamos convencidos que votar Sí, es abrir la posibilidad de luchar por los cambios más transcendentales que requiere el país. Lo contrario, es contentarse con toda la debacle que vivimos; es hacerle el juego a quienes se han beneficiado de la destrucción de nuestra Patria, sabiendo que sólo buscan seguirla saqueando.













