El 24 de julio de 1783 nació el hombre que no quiso tener patria Chica, Simón Bolívar. Para este 2026 se recuerdan 243 años de su natalicio.
Caracas Venezuela fue la tierra que lo vio nacer. Según registra la historia ese día nació un niño de cuna aristocrática que estaba destinado a romper todas las cadenas: las de su casa, las de su clase y las de un continente entero.
Hoy 243 años después seguimos discutiendo respecto al ideal libertario de Simón Bolivar.
La trascendencia de su aporte en América Latina prevalece porque además de pelear por la independencia insistió por la unidad de América sin aduanas, sin ejércitos enfrentados y ante todo, sin caudillos.
Durante gran parte de su vida se empeñó por consolidar la patria grande cuando el resto pensaba en la conformación de las provincias.
Bolívar en su búsqueda de la independencia y de los ambiciosos proyectos de desarrollo de los pueblos, el libertador llegó a Loja en 1822 pasó por esta noble tierra camino a Pichincha.
La historia relata que Bolívar llegó a estas tierras y además de hablar de independencia dejó una huella de fe.
El 24 de septiembre de 1829, Bolívar firmó en Quito el decreto que autorizaba la realización de la Feria de Loja en honor a la Virgen de El Cisne, quería que el comercio y la devoción caminarán juntos.
Resulta sorprendente porque el hombre que rompió cadenas políticas termino firmando un decreto para que el pueblo de Loja mantuviera viva su tradición religiosa.
Bolívar tenía una perspectiva diferente respecto al poder al señalar que causa cansancio y dijo: “he arado en el mar”. Entendió antes que nadie que liberar es más fácil que gobernar. Con ideales de libertad casi incomprensibles terminó solo, enfermo y desilusionado en Santa Marta en 1830.















