ace dos años, un 14 de mayo como hoy, iniciaba una nueva administración municipal llena de alucinaciones expectantes, rodeada de ofrecimientos al granel y un baratillo de ofertas inusitado, que en el imaginario más incrédulo del pueblo lojano esperaba que se cumpla por lo menos con las propuestas más indispensables. En la sesión inaugural, se hizo hincapié en las propuestas de campaña, como son: el asfaltado del 100% de la vialidad urbana; los varios planes maestros de agua potable; los planes maestros de alcantarillado; los nuevos mercados; la modernización del terminal terrestre; la digitalización de los trámites administrativos municipales; la legalización de las tierras en conflicto; los planes de vivienda de interés social, entre tantas otras ofertas populistas de campaña.
En el desarrollo del gobierno cantonal en los dos primeros años que han trascurrido, encontramos dos momentos bien marcados; el primero, dedicado a las aventuras demagógicas propias del populismo: priorizando el boly, pintando y poniendo techos en algunas canchas, inaugurando baños higiénicos, creando fiestas y bailando a pierna suelta. El segundo, enfrentando los desastres naturales tan sólo de manera reactiva, sin ideas ni propuestas, sin planificación, gestión ni recursos, pues, gran parte del presupuesto se había consumido en tarimas, discos móviles, carpas, etc., etc.; lo prioritario pasó a segundo plano, y, por el contrario, prefirieron jugar a disfrutar de los diez minutos de fama por encima de ejercer a plenitud y con seriedad la administración municipal, encargada de encauzar el desarrollo y adelanto del cantón.
Al inicio de la administración se dijo que se invertirían en obras cien millones de dólares anuales, y al ser repreguntado, reafirmó que serían cien millones de dólares por cada año, ósea cuatrocientos millones recalcó en el periodo; la verdad, ya van adeudando hasta el momento doscientos millones de dólares en obras. Lo cierto es que, los dos años de administración se han pasado en discusiones estériles, de circo en circo, de cancha en cancha, de fiesta en fiesta, de baile en baile; las tres cuartas partes de la población citadina sin agua permanente; las obras de saneamiento en las parroquias quedaron en meros enunciados; la recolección y tratamiento de la basura en penumbras; la vialidad urbana destruida en casi el 100%; las adjudicatarias de los mercados enfrentando una competencia desleal, además vacunadas y chantajeadas; las calles del centro, los parques y algunas plazas, subastadas al desorden.
En tan sólo dos años dejamos de ser la ciudad modelo, para convertirla en tierra de nadie, sin horizonte, donde las autoridades no se conduelen por nada de su destrucción. Dos años les bastó para botar al piso todo lo que los lojanos habíamos construido; dos años perdidos, en los que ni se inmutan por el retraso al que nos han sometido; dos años en los que no sólo se farrearon el desarrollo de Loja, sino que la subastaron al anarquismo silencioso, cuyo desbarajuste nos está conduciendo a una oclocracia. Degeneración que debe parar, pues, de no irse a su casa por la remoción, o de no cambiar la ineficiencia, la inercia o desazón con la que administran el Municipio, en dos años más viviremos un verdadero holocausto que terminará con lo que queda de ciudad.















