El Presidente Constitucional de la República del Ecuador, Daniel Noboa Azín, empezó su primer período democrático, luego de culminar una transición llena: de tumultuosos ataques maquinados por una oposición política, desgastada por la inmisericorde forma de manipular el poder, a través de chantajes, tronchas y negociados; una economía desbastada por el manejo populista y saqueada por el clientelismo politiquero; y, una guerra interna que nos obliga a enfrentar a los carteles nacionales e internacionales, que intentan seguir manejando el Estado, con el apoyo de aquellos que se hacen ricos con plata sucia. Para estos últimos, en el discurso presidencial les aclaró que: «este país no les pertenece, este país es de los ecuatorianos».
El presidente Daniel Noboa, dirigió su discurso con firmeza, no fue recitado, no fue leído, no fue improvisado, no necesito del teleprónter para hacer efectivo un discurso seguro, sentido y emotivo; con un final lleno de temple, que hizo vibrar de mucha esperanza a los ecuatorianos, que poniéndose a la cabeza invitó a sus mandantes a reinventar el país, al concluir: «El futuro es nuestro, tengamos el coraje para creer en nuestro país y empujarlo hacia adelante. Reclamemos con valentía lo que nos pertenece, es momento de dejar atrás el miedo, la indiferencia y el conformismo, este es el tiempo de actuar, de construir y unirnos con propósito, la historia del Ecuador no se va a escribir por sí sola, la escribimos nosotros».
Interpretando el discurso del presidente, en su parte medular, es obvio que el problema sólo será resuelto si todos arrimamos el hombro, si todos con coraje luchamos anteponiendo la decencia, la dignidad y la honestidad en cada acto que ejecutemos en la vida, como esencia plena de nuestro mejor aporte individual. Nos invitó a que reclamemos nuestros derechos, los que nos pertenecen; que no supliquemos a las autoridades de rodillas ni esperemos que nos contenten con migajas, sino que exijamos lo que es nuestro, lo que nos corresponde: ni más, porque caemos en vanas ambiciones; ni menos, porque dejaremos que nos humillen.
La idea que claramente dejó marcada, es que, para lograrlo debemos perder el miedo, que estamos obligados a salir de la zona de confort, y que primordialmente no podemos ser indiferentes a la corrupción, a la impunidad y al saqueo, que han sido las causas para la destrucción del país, más allá de las pertenencias ideológicas, políticas y doctrinarias de toda índole. Finalmente, debemos entender que, dejó abierta la puerta para sumar todos los aportes posibles de los ecuatorianos, actuando, siendo protagonistas, sin dudar ni esperar a que otros nos den haciendo lo que nos corresponde aportar; fijando como meta única, que nos unamos en un solo propósito, que nos permita escribir una nueva historia, dejando el pasado atrás, pues ya nada tiene que ofrecernos. En otras palabras: o sumamos o nos hundimos; recuperamos nuestro Ecuador o terminaremos siendo esclavos de las consecuencias.
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