Loja se presenta como una ciudad casi fantasma, es decir se debate entre el profundo silencio por la suspensión del servicio del transporte y a la vez atravieza el inusual ruido del desorden y el desgobierno.
El eje común de este problema es que el gobierno decidió quitar el subsidio al combustible y el sinceramiento del precio del líquido que mueve a los automotores altera el ánimo de más de 200 transportistas de las unidades de buses urbanos agrupados en el Consorcio.
Entonces el enfrentamiento alcanzó los altos niveles del desacuerdo.
El incremento de la tarifa de 30 a 36 centavos queda sin efecto.
Diana Guayanay, alcaldesa del cantón Loja denunció la paralización de los transportistas ante la fiscalía, más la clase del volante desafía la acción diciendo que laborar en el transporte es insostenible y el arribo a la cárcel es un asunto que podría consumarse sin alterar la paralización adoptada.
El tratamiento mediante ordenanza en Loja abrió el telón para que los señores concejales armen su show porque al decidir sobre un incremento en la tarifa del transporte les preocupa puesto que el nicho electoral podría alterar los cálculos de la próxima conquista.
Las decisiones, las rectificación y los tropiezos legales alteran el ritmo educativo, comercial y artístico de esta ciudad.
El huracán del desorden y la falta de contundencia en las decisiones muestran que los actos desde el gobierno local se afianzan en el populismo.
Los estudios, la intervención jurídica y las declaraciones de los actores que están en guerra sumergen a esta ciudad en el retraso en todas las aristas que podrían apuntar al desarrollo.















