El 9 de enero de 2024 el presidente Daniel Noboa usó palabras de guerra: declaró conflicto armado interno contra las organizaciones que el Gobierno catalogó como terroristas. La orden a las Fuerzas Armadas fue directa: acabarlas.
Han pasado 33 meses desde ese anuncio. Hoy tenemos más operativos, más titulares de capturas y más discursos de mano dura. ¿Tenemos más paz? Las cifras dicen que no.
El sube y baja de la muerte*
Los números son tercos. En noviembre de 2023, cuando Noboa asumió, el país cerró con 7,491 muertes violentas. En el 2024 hubo un respiro: bajaron a 6,752, un 10% menos. Parecía que la estrategia funcionaba.
Pero en el 2025 la violencia volvió a dispararse: 8,479 homicidios, 26% más. Y a julio de 2026 ya vamos con 4,882. El Ministerio del Interior celebra una baja del 8%, pero esa “mejora” llega después del peor año de la serie.
Es como apagar un incendio con un balde, mientras el fuego se riega a otras habitaciones.
Cuando el mapa se baña de rojo*
Antes el problema tenía apellido: Guayas, Esmeraldas y Manabí. Ahora el crimen se mudó. Los Ríos, Santa Elena y El Oro ya son parte del mapa. En Azuay y el Oriente matan por minería ilegal. Y Quito, que antes se sentía a salvo, hoy tiene operativo especial.
Esto nos dice algo incómodo: golpear a las bandas en un territorio no las elimina, las desplaza. El narcotráfico es como el agua. Si le tapas una salida, busca otra.
Sí, hay golpes. 22 cabecillas de alto valor capturados.
Y picos de incautación: 294 toneladas en 2024.
Pero también hay datos que duelen. Hoy se habla de 47 estructuras criminales operando en el país. Las desapariciones no ceden: subieron 5,9% en 2025 y 2,3% en lo que va de 2026.
Lo único que baja sostenidamente son las extorsiones: de 23 mil en 2024 a 7 mil en lo que va de 2026. Ese sí es un alivio real para el comerciante, para el taxista, para el que antes pagaba “vacuna” cada semana.
Declarar la guerra sirvió para mostrar fuerza. Pero la guerra contra el crimen no se gana solo con militares en las calles y cabecillas en la cárcel.
Lo que muestran estos 33 meses es que necesitamos una segunda fase: inteligencia, prevención, control de puertos, lavado de activos y presencia del Estado donde hoy solo llega la banda. De lo contrario seguiremos en este ciclo absurdo: bajan un año, suben al siguiente, y el mapa de la violencia se hace más grande.
Ecuador no necesita solo enemigos abatidos. Necesita barrios recuperados.
Porque de nada sirve celebrar menos extorsiones si una familia en El Oro ahora vive con miedo. De nada sirve incautar 100 toneladas si en otra provincia aparecen 10 nuevas bandas.
La guerra fue declarada. La paz todavía está pendiente.














