Acostumbrada a ver en mi inocencia lo real y comprensible sin otra luz, ni fe, ni otra ciencia que la de Dios por todo y toda ciencia y nada de intangible, cual ave que huye de su jaula y tiembla ante el espacio inmenso, yo temía haber ido hasta allá, donde misterio era entonces para mí cuanto veia/.
Senti yo algo mejor y más ardiente y más noble que lauros y riqueza; porque sentí brotar mi amor grandioso por la ciencia, que en trono de granito lucía sol esplendoroso, esparciendo sus rayos luminosos por la región azul de lo infinito.
Oh Ciencia, Oh bella Diosa!
Al contemplarte en tu mansión hermosa, mi pobre corazón perdió la calma.
La Ciencia es sol y mi futuro es campo do se dilatan de mi amor los ojos: quizá no sean tétricos abrojos los que de mi Ideal me muestre el Campo.(*)















