Latinoamérica nació en la vida independiente con el sueño de vivir en libertad y con gobiernos democráticos. Desde las guerras de independencia, la democracia se volvió el sello de la legitimidad para cualquier gobierno en el continente. Durante el siglo XX vivimos un sube y baja. Cada vez que un dictador tomaba el poder, decía que era “transitorio” y que volvería a la democracia cuando retorne el orden. Y así fue. En la segunda mitad del siglo XX casi todos los gobiernos autoritarios cayeron:
Argentina, Brasil, Perú, Ecuador, Paraguay y en Centroamérica y el Caribe la gente volvió a creer.
Esa fe en la democracia quedó escrita en la Organización de Estados Americanos, OEA en 1948. A diferencia de la Organización de Naciones Unidas, ONU, la OEA surgió como una asociación de naciones libres unidas por la democracia representativa. Para entonces la legitimidad democrática era la regla.
Pero esa esperanza se oscureció con dos retos según propone la revista Visión del 24 de julio de 1989: primero, la llegada de gobiernos totalitarios como el de Fidel Castro, que rompió la tradición democrática de la región y en segundo término el reto internacional del comunismo, apoyado por un gran aparato de poder y propaganda.
La supervivencia de la democracia en los actuales momentos depende de la disminución del conflicto y que los latinoameicanos nos liberemos de las cadenas de la pobreza, la inseguridad, el imponente crimen organizado y del pensamiento que nos ata.
Actualmente el Presidente de Ecuador, Daniel Noboa, intenta hablar de la democracia en medio de la confrontación, se acerca al Presidente de Paraguay Santiago Peña y mediante la suscripción de instrumentos bilaterales consolidan el encuentro formal entre ambas naciones para fortalecer la cooperación de los lazos de amistad.
Además el Presidente Noboa mantuvo acercamiento con la reciente posesionada presidenta de la República del Perú, Keiko Fujimori, como producto de las reuniones acordaron impulsar acciones para frenar la inseguridad y el desarrollo del gabinete binacional.
El mandatario ecuatoriano mantuvo reuniones bilaterales con el vicepresidente electo de Colombia, José Manuel Restrepo.
Todo indica que la armonía entre los mandatarios marcaría nuevas oportunidades para impulsar el desarrollo de las naciones, todos se amparan bajo el precepto de la democracia.
Sin embargo los problemas para la población se agudizan, la inseguridad consume a los ecuatorianos y el escenario de la convocatoria para las elecciones seccionales y del Consejo de Participación Ciudadana deja la sensación de cumplir con la obligatoriedad del certificado de votación y nada más que eso.
¿Será que en realidad estamos en democracia?














