Loja acaba de cerrar un ciclo que estuvo lleno de desaires, en cuyo ambiente, se evidenció una destrucción que poco a poco fue acabando con todo lo que los lojanos habíamos construido. Han sido dos años perdidos, en los que, el deterioro evidente de: las calles, del relleno sanitario, del sistema de agua potable, del alcantarillado, de los mercados, de los senderos, de la vialidad, y del orden en general, estuvo marcado por el desdén de la autoridad municipal. Autoridad aupada por un populismo ciego, sordo y mudo, que lo impulsaba a seguir galopando cual caballo de carroza, sin importarle que nos estaba llevando al despeñadero con paso agigantado; abismo desastroso del que será duro salir, pero nos levantaremos.
El populismo aplicado, fue de aquellos populismos astutos que hábilmente engatusan, utilizando a la gente más necesitada. Pero como lo hemos dicho siempre: el populismo les puede servir para ganar elecciones con engaños, pero jamás se podrán sostener en el tiempo para gobernar. Pueden haber sido hábiles, para mentir los primeros meses, aplicando el encanto y haciéndose los “pobrecitos” y logrando de manera progresiva adormitar temporalmente a la gente, hasta casi llegar a normalizar silenciosamente junto a sus colaboradores, que lo que hacían era lo mejor, que así lo debían hacer, que era lo óptimo, lo necesario, lo esencial. ¡Cuánto se equivocaron!
Jamás entendieron que con Loja no se juega. Se olvidaron que, los lojanos: aprendimos con la revocatoria del Chato, que el pueblo se cansa de los abusivos, que no tolera el autoritarismo, y que no está para venerar ni aguantar tiranías; pero tampoco soporta la desidia, pues, aprendimos de la remoción de Quezada, que no se debe jugar con el pueblo, que el pueblo no come cuentos, y menos si alguien se atreve a jugar con el nombre de DIOS, mintiendo o poniéndolo como escudo.
De aquí en adelante, cualquier dignatario que quiera gobernar nuestra sociedad, está advertido: cumple con la ley, cumple lo ofrecido, respeta al soberano, caso contrario se va a su casa. Igualmente, quien le apueste a una candidatura, no se puede llenar la boca de ofertas vacías, de fantasías rodeadas de mentira ni de propuestas irreales e inejecutables. Sin embargo, de todo lo malo tenemos que sacar algo bueno, por eso, esos dos años perdidos sirven muchísimo para que nadie vuelva a montar cuento.















