Crecidos desde la tierra
la madre tiene
los surcos que con el tiempo
han subido
por las manos hasta el rostro,
Y un paisaje renovado
se mira en cada mirada
cómo ciudad dividida
entre el ayer y el mañana.
Aquí te evoco y te extraño
madre de huerto y domingos
ceñidos a la cintura.
Te recuerdo en el cansancio
de cada oración trasnochada
y en cada rueca bendita
del grano no cosechado
y del rosario sembrado
cada semana sin falta.
Lejana clave de sol
entibias tus melodías
y la tristura de un canto
se aleja de la garganta.
La misma vieja ventana
entreabierta, entrecerrada
que espera noticias nuevas
y anula todo retorno,
han enredado tus noches
en misterios dolorosos.
Madre nexo y coraje de fundación y apoteosis
exacta para el afecto
puntual en cada batalla.
Todo en ti reverdece,
todo en ti fructifica
y hasta tu pan se repite
cómo evangelio de harina.
En ti la urbe inaugura un barrio
cada mañana
y las calles son destino
que llegan siempre a tus manos.
Madre ciudad, madre lluvia
madre paisaje y arcoiris
madre que ya no estás cerca y desde algún sitio preguntas
si habrá sol en cada hijo.















