En Ecuador existe a lo largo de la historia pocos mandatarios que en sus discursos dejaron mensajes cargados de esencia, hay seis ex mandatarios que hicieron historia no solo en nuestro país sino en América Latina, dejaron huella por su capacidad expresiva, por sus indiscutibles atributos como estadistas y locuacidad para el convencimiento. Se trata de los ex presidentes Alfredo Baquerizo Moreno, Carlos Alberto Arroyo del Río. José María Velasco Ibarra, Camillo Ponce Enriquez, Jaime Roldós Aguilera y Rodrígo Borja Cevallos.
Son discursos que podrían ser repetidos mil veces por los hombres y mujeres más talentosos que deseen tener la intención de emularles en los gestos, en los tonos de voz, en el vestuario, pero obviamente jamás lograrán como ellos mover a las masas populares con la misma fuerza, con la misma pasión con la que ellos lo hicieron en su tiempo, en su generación, en el escenario socio político del momento pretérito.
Entonces surge la interrogante ¿por qué no?, busquemos pues una respuesta tentativa o preliminar al menos: Será acaso porque vivimos en un escenario y tiempo diferentes o porque las circunstancias actuales y los intereses son diferentes, independientemente de si son más grises o negros que antes.
Apelando a la historia y poniéndola como testigo, como fiable argumento cuando la utilizamos sin pasión, sin fanatismo, sin los reparos del odio o del amor….unos más….. otros menos todos vivieron momentos de gloria, mementos grises y tristes. La misma historia esgrime argumentos cuya sobriedad nos anima a creer que la vida de Ecuador y América Latina está envuelta en un laberinto de conflictivos tiempos. Lo que obliga a las generaciones presentes a trabajar en una agenda de acción estratégiica donde la fuerza se sume al intelecto y a la capacidad de respuesta oportuna.
La cortina del tiempo aun no se ha cerrado y es buen argumento acusar al tiempo para justificar la impresencia de brillantes oradores como aquellos que un día nos gobernaron.
Un discurso político es irrepetible para el orador, más las huellas del mensaje abren el camino para que las generaciones de la modernidad reflexionen sobre proyectos concretos en el ejercicio del poder político.














