70 años después, el anciano cruzó de nuevo el umbral de aquella casona en ruinas. Ya no había nada… salvo el olor a jazmín de su madre.
Ese perfume borró el polvo, la culpa y el tiempo. Y entendió que la casa no estaba maldita. Lo estaba él, por no haberse perdonado antes.
Es un cuento sobre infancia, pérdida y el poder de un olor para sanar. El texto completo está en la revista de arte y cultura Suridea de marzo de 2026.














