La muerte de Eloy Alfaro se produjo un día como hoy 28 de enero pero tendremos que ubicarnos en el año de 1912, este acontecimiento sigue siendo un recordatorio de la barbarie y la indolencia que caracteriza a la política de ayer y de hoy.
El líder liberal fue asesinado en manos de una turba en Quito tras ser derrocado de la presidencia de la república.
Este suceso lo convirtió en mártir de la confusión y la distorsión entre el bien y el mal en el ejercicio de su función representa la apertura del discurso para quienes intentan apalancarse en el poder trepándose en los trozos de la historia.
Sin duda Alfaro es reconocido por su acción revolucionaria, su lucha por la justicia social y la separación entre la iglesia y el Estado.
Enfrentó al entonces presidente conservador Gabriel García Moreno y cuestionó el poder de la Iglesia Católica en la sociedad ecuatoriana.
Las acciones del calificado como “viejo luchador” aun siguen en la palestra de la reflexión.
Para unos es el rebelde que atacó al catolicismo y para otros el ilustre connotado que sembró en la política de Ecuador fundamentales cambios en el escenario social, político y hasta económico.
Impulsó además la educación laica y gratuita. Su plan político se concretó con la defensa de los derechos de los indígenas y trabajadore.
En contexto, la política actual ecuatoriana parece caracterizarse por la falta de líderes que planteen propuestas de reformas contundentes a favor de la población.
En la marea de la modernidad no hay políticos mártires, no hay quienes estén dispuestos a arriesgar su vida por un ideal.
Alfaro es un referente de lo que se necesita en la política: valentía, convicción y compromiso con los más nobles intereses de los necesitados.
En la modernidad la fiebre de la fama y la viralización en las redes sociales opacan los preceptos del ejercicio político.
La muerte de Alfaro representó el sepulcro para la democracia ecuatoriano y algunos polémicos personajes de la enfermiza política solo evocan su legado para escalar la posición de la fama que por estos días los tiene corridos de la patria y enfurecidos por los garrotazos de la pérdida contínua.















