Cada 24 de diciembre, nos muestra la oportunidad de sentir una nueva existencia. El Renacer del Niño Jesús, reaparece en nuestros corazones la esperanza eterna de sentirnos vivos; de entender que todo lo que tenemos fue un regalo del Creador; de comprender con entusiasmo que nos muestra un camino despejado, lleno de fe, para avanzar con nuevas oportunidades. Al recordar la llegada del Hijo de DIOS a nuestro mundo, este momento nos regala una nueva e inolvidable opción de rehacer nuestras vidas, de repensar nuestros actos y de recomenzar nuestros primeros pasos.
Cada 24 de diciembre, nos hace sentir humanos: con un corazón que sabe perdonar, con un sentimiento solidario y con ganas de construir un mundo mejor. Nos hace sentir que vale la pena sonreír; que es imprescindible mostrarle a nuestra familia el lado más tierno; y, nos permite, hurgar en lo más profundo de nuestras almas para ayudar a quien más lo necesita. Nos hace recordar que también tuvimos momentos tristes, pero que, sólo el hecho de estar vivos ya es un premio a esa persistencia que tenemos por transformar la
humanidad en un mundo ideal.
Cada 24 de diciembre, el Hijo de DIOS nos recuerda que no necesitó grandezas ni opulencia para mostrar que existe; que nació en un pesebre sencillo, que se llenó de gloria al ser admirado por tres Reyes Magos, que vino a cambiar el mundo rodeado de humildad, dignidad y decencia. Nos recuerda que, podemos seguir sus pasos, que, si bien jamás alcanzaremos la omnipotencia de sus actos, si llevamos una vida en su nombre, cumpliendo su mandato, habremos sembrado en tierra fértil, para que la cosecha abundante que harán nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, esté llena de bendiciones.
Cada 24 de diciembre, es necesario que entendamos el verdadero sentido de la Navidad: que el Amor consiste en dar, que nada es para llevar, que todo se queda aquí. Por eso, entreguemos: perdón, sin exigir nada a cambio, démoslo con humildad y pidámoslo sin perder la dignidad. Llenémonos de fe, cada cosa que hagamos, saldrá bien si la hacemos con la Bendición de nuestro DIOS y creyendo que Él siempre va adelante en nuestras batallas.
Pidamos sabiduría, no para creernos los más inteligentes, y menos, para ganar pisoteando a los demás, sino, para saber discernir y construir un mundo mejor.
FELIZ NAVIDAD.















