Las protestas seguirán siendo por siempre, el derecho para reclamar a los gobernantes sobre cualquier inconformidad que exista; pero, el dejarlas transformarse en desmanes, debe ser investigado, más aún, cuando buscan desestabilizar al país. Cuando las protestas son justas, la gente sale a las calles, cierra las vías, expresa su descontento con la quema de llantas, sin destruir los bienes de los demás; esa forma de exigir cambios, por supuesto que ha dado resultado en muchas ocasiones, de ahí han nacido diversas conquistas sociales, de las cuales nos hemos terminado beneficiando casi todos los ecuatorianos.
Sin embargo, hoy en día, el verdadero problema no son las marchas o protestas como tales, es el caos que se viene creando en el Ecuador, caos que busca provocar a la Policía Nacional y a las Fuerzas Armadas, para lograr ojalá algunas bajas ciudadanas, pérdidas humanas que servirían como trofeo, para llamar al gobierno de tirano, asesinos o dictadores fascistas. Hoy por hoy, estas revueltas no guardan relación con las causas de las protestas iniciales, incoherencia que siembra mucha duda, al ver como en el camino, le dieron vuelta a las razones por las que empezaron a protestar; poniendo en riesgo a su gente, por el mero hecho de enfrentar al gobierno.
Hay confusión en la interpretación de sus fines, pues: no es posible que, reclamen dignidad, pero pongan en riesgo la vida de su gente; reclamen la falta de empleo, y, por otro lado, obliguen a su gente que vayan a las marchas abandonando sus trabajos; lo raro es que, terminan perjudicando a quienes dicen defender. Cómo se entiende una protesta por causas justas si: secuestran policías bajo el argumento de que están retenidos; amenazan con destruir la capital, como si la ciudad tuviera la culpa de los desacuerdos; y, se ataca la delegación presidencial de manera salvaje.
Quién les ha dado patente de corso para imponer represalias contra la gente que no quiere sumarse al paro; quien les ha dado el poder para que intimiden a los comerciantes y productores, obligándolos a que cierren sus empresas o para que no abran sus negocios, alterando las labores diarias de gente que si quiere trabajar y producir. ¿Quiénes se benefician con estos desmanes? Nadie de los ciudadanos comunes se beneficia; si empiezan a escasear los alimentos, a bajar la producción, si hacemos correr a los inversionistas, lo único que logramos es reducir las fuentes de empleo, consecuentemente la economía de nuestra gente comienza a deteriorarse mucho más. La pregunta que queda flotando es: ¿Estos paros y provocaciones a quién beneficia? Creo que sólo a las mafias de diferente índole.















