Hay protestas que pueden ser la forma más desesperada que un grupo de personas se obliga a ejecutar. Las hay de diferentes maneras, motivos o causas: hay de aquellas que muestran la fuerza de la razón; pero también, existen de esas que buscan mostrar un poder destructor. Por regla general, las que parten de una causa justa, jamás requieren de desmanes, provocaciones ni enfrentamientos viscerales; mientras que, las que guardan entre líneas otros fines no tan sanos, pretenden imponer cambios a la brava, incluso incendiando ciudades.
En los últimos tiempos han vuelto los paros, las huelgas, los cierres de vías, cierres que no sólo caotizan la movilidad y el transporte de productos, sino que, en el fondo terminan destruyendo la economía de quienes deben trasladar esos productos, pasándole factura luego al ciudadano común. Igualmente, pasa con la destrucción de los bienes públicos, siendo absurdo que destruyan los bienes que nos pertenecen a todos; eso no es protesta, claramente es vandalismo, vandalismo del que se benefician los autores intelectuales que son quienes solventan en la mayoría de los casos esos desmanes para beneficiarse políticamente.
Normalmente, el caos no es producido por quienes protestan por sus justos reclamos, sino por aquellos infiltrados que necesitan destruir al gobierno de turno; claro, que después, ciertos vivarachos pasan factura y reciben su pago. También en esos desmanes hay cuadros politiqueros que aprovechan para hacer plantones e intentar mostrarse, con lo que buscan revivir, tomándose el nombre de los verdaderos luchadores sociales.
En el fondo, al final, ¿quién gana con las paralizaciones? Nadie. El sector público deja de trabajar en lo esencial para preocuparse de los líos temporales; el sector privado, deja de percibir ganancias, baja la producción, se reducen las ventas y se pierden plazas de trabajo; el sector social, es utilizado por ciertos oportunistas que se nutren del relajo, presuntamente representándolo; y, el sector ciudadano, finalmente, es quien paga las altísimas facturas, por la falta de diálogo entre todos los sectores, que es la única manera de solucionar los problemas y sacan el país adelante.
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