Mucha gente se siente angustiada por el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. Los conflictos demuestran que los gobiernos están impedidos de lograr que haya algo de paz en esta región del mundo.
Los problemas parecen agudizarse con cada declaración o toma de decisiones que adoptan los altos gobernantes.
La violencia va en aumento, se presentan varios conflictos impactantes y los intereses geopolíticos se muestran sin ningún reparo.
La población mundial está preocupada por las guerras y muchos se preguntan si la situación va a mejorar.
Hay muchas personas que viven oprimidas. Piden a gritos que Dios las ayude, pero se preguntan si algún día escuchará sus ruegos.
Los ataques múltiples trae sobresalto y la inseguridad de una u otra forma se apodera de la tierra.
La paz parece alejarse porque la guerra está entre las naciones pero también se instala en las familias, grupos sociales y el entorno.
La guerra se manifiesta como la gran epidemia, las armas y la locura de los seres humanos por alcanzar el poder los hace actuar de forma desmedida.
A pesar de las dificultades, de manera individual y colectiva podemos contribuir a la instalación de la paz.
En el hogar los padres pueden dar ejemplo de paz, los hermanos ayudarse con intensión solidaria y en el entorno social siempre impulsar acciones que procuren la paz.
Estas pequeñas acciones se suman en un conjunto de principios que marcarán la norma de vida de las comunidades.
Además con nuestros actos podemos exigir a las autoridades actuar con prudencia cuando se trata de impulsar acciones que están sostenidas sobre el ideal de la paz.
Es preciso rechazar los discursos huecos que intentan justificar los actos violentos.
Ningún hecho violento nos conducirá a la paz, al contrario avivará la llama del terror, la injusticia y la desigualdad.
Los gobiernos tienen que estar conscientes que los habitantes, electores o aquellos que se encuentran sometidos bajo sospechozos dictámenes jamás les autorizaron para que promuevan la guerra.
Ningún país puede desarrollarse si utiliza las armas, la fuerza y el hostigamiento para conseguir el supuesto objetivo de la paz.
Es preciso descartar los discursos encubiertos, hay que desautorizar a quienes vean en las armas la acción principal del semetimiento.















