Cuando entres a mi casa
sólo tus zapatos harán ruido.
Subirás la escalera golpe a golpe
y la puerta se abrirá sin sentirla.
No respires fuerte
al verme nuevamente
como el día en que se rompieron todos los cristales.
Callarás.
Ni al aire mismo despertará tu asombro.
Me mostrarás los ojos y sentiré entonces alegría.
Ábrirás los labios para hablarme
y no podrás,
y nuestras manos en posición de entrega por largo rato quedarán.
Hace ya tanto tiempo que dejamos las cartas;
el correo nuestro se quedó en el tiempo y volvemos a ver
sería sentir tristeza y rabia.
Si eso no te importa
regresa;
pero recuerda
que cuando entres a mi casa sólo tus zapatos harán ruido.














