Se acaba el año, no va más. Un balance al apuro nos muestra la incapacidad de ciertas autoridades que no volverán jamás. Un Municipio administrado con desidia que obligó al Cabildo a mandarlo a su casa al ex alcalde por ineficiente; quien dejó haciendo tanto daño, que seguimos pagando las consecuencias negativas de su ineficacia. Enfrentamos medio centenar de rupturas del mal llamado plan maestro de agua potable, caotizando la ciudad por falta del servicio. Seguimos lamentando el deslizamiento en masa de los terrenos de la parte accidental de la ciudad por la falta de alcantarillado. Y, como si fuera poco, las vías del área urbana del cantón cada vez más destrozadas, sin mantenimiento y con huecos por doquier.
Los asambleístas que fueron elegidos por el electorado de nuestra provincia siguen sin brújula, jamás entendieron que nos representaban a medio millón de lojanos. Su error imperdonable, es que se dedicaron a obedecer las órdenes emanadas de sus respectivas líneas partidistas, olvidándose de legislar y primordialmente de fiscalizar y gestionar las obras emergentes que nuestro pueblo requiere, se olvidaron que fueron los lojanos quienes les dieron la oportunidad de ganar más de $ 6000 mensuales por cuatro años.
El Ministerio de Transporte se olvidó de las obras públicas que Loja necesita de manera emergente y que son impostergable para la movilidad humana. De seguro, el mismo hecho de tener nombrados a directores regionales o provinciales foráneos, conllevó a que se agrave el quemeimportismo por nuestras vías, a diferencia de otras circunscripciones que han corrido con mejor suerte. Lo mismo sucede con el área de la salud pública, que incluso, endosó gran parte del problema al IESS, que evidencia un problema mayúsculo, calamitoso e insostenible.
Todos estos inconvenientes vividos en el 2025 ojalá se queden en el pasado y no migren al 2026. Sin embargo, si nos encontramos el año nuevo con las mismas desgracias, es momento de reflexionar: debemos entender que Loja es compromiso de todos, que no sirven los falsos mesías, que no arreglan nada solos; que las autoridades están para servir, sino lo hacen, deben ser cambiados de manera urgente; es hora de exigir nuestros derechos y no suplicarlos; es hora de unirnos y encontrar el mejor camino para prosperar, desarrollarnos y avanzar como sociedad. La mediocridad, la corrupción y los oportunistas populistas y mentirosos deben ser desenmascarados una y otra vez, para que nunca más intenten regresar.















